Mandalas

MandalasCarl Gustav Jung
Mandalas

Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, nació en Suiza en 1875 y murió en su país de origen en 1961. Llamado el gran psiquiatra suizo, este investigador dedicó su vida al estudio de los Mandalas en sus terapias como psicólogo, de este modo auxiliaba a sus pacientes en el restablecimiento de su identidad y estado de ánimo durante su proceso de crecimiento o sanación personal. Señalaba que cuando observamos, dibujamos y coloreamos un Mandala logramos relajarnos, y creamos el símbolo perfecto para la traducción de nuestras experiencias, sentimientos y sensaciones en un momento dado de nuestra vida. Por esta razón se dice que dibujar un Mandala significa crear el símbolo que revela quiénes somos en ese momento. A través de estos círculos mágicos meditamos y encontramos una manera efectiva de combatir el estrés excesivo y los bloqueos emocionales. Para Jung, el Mandala era una figura arquetípica que usada en las terapias de sus pacientes producía el efecto de mente relajada y estrés controlado, lo que redundaba en la curación anhelada. Este psiquiatra, consideraba que el comportamiento del hombre se basa en una estructura individual que aprende de sus experiencias, se hereda de generación en generación y rige el comportamiento cotidiano del sujeto.

El Mandala, Círculo Mágico o Representación Gráfica del Todo, es un término de origen tibetano cuya raíz proviene del nombre kiil kour que significa centro y extremo y cuya finalidad se ha mantenido a manera de modelo usado por la humanidad a través de los tiempos y culturas, convirtiéndose en una cualidad que nos lleva a lograr la armonía entre el alma, el espíritu y el cuerpo. La sabiduría de las diferentes culturas universales ha sido reproducida en símbolos de contenido espiritual y material, figuras geométricas que han evolucionado y heredado de generación en generación como códigos de comunicación utilizado también para calmar la mente a través de la práctica de la meditación. De acuerdo con los monjes tibetanos, cada Mandala enuncia una verdad que ejerce una gran influencia sobre la mente de los humanos. El solo hecho de visualizarlo, induce a una meditación inconsciente y, por lo tanto, a un estado de equilibrio mental porque produce tranquilidad, alegría y balance. Tradicionalmente se ha usado como instrumento de meditación, por aquellas personas que desean buscar dentro de sí el equilibrio emocional que los haga reencontrarse con “su propio yo”, o según Jung (1929), el “self o sí mismo interno”.

El desarrollo de nuestra vida se caracteriza por un movimiento constante que produce agitación y estrés, convirtiendo nuestra existencia en un sin fin de sensaciones de angustia, carreras y prisa por realizar actividades que nunca terminan y que nos mantiene agobiados, tratando de mantener la velocidad que nos imprime una sociedad que intenta sobrevivir en un mundo agitado por el desarrollo incontrolado y poco comprendido de nuestros nuevos métodos y tecnologías de comunicación. Por todas estas razones estoy segura que los Mandalas representan una estrategia especial para lograr estados de ánimo, sentimientos y sensaciones que producen la armonía necesaria, y el desarrollo equilibrado de la mente.

En el caso del Modelo ESPIGA puedo contarles que al aplicar esta estrategia a mis estudiantes (de todas las edades) me di cuenta y comprobé que había encontrado el nexo, la manera de comunicarme con ellos de modo fluido y respetuoso. Los invité a meditar observándolos después de realizar las técnicas de respiración anteriormente señaladas. Les sugerí que dibujaran Mandalas después de cada relajación produciendo de esta manera la liberación del estrés que los mantenía cerrados. Este tema lo puedes ampliar en mi libro Mandalas, la Búsqueda del Equilibrio”. A continuación te presento el diseño de un Mandala en el cual resumo (en forma de mapa mental), su definición.

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